La Persistencia de la Memoria ¿qué hay detrás de los famosos relojes “derretidos” de Salvador Dalí?

La Persistencia de la Memoria del pintor catalán Salvador Dalí se ha convertido en una imagen familiar en nuestro imaginario y una huella indiscutible en la historia del arte del siglo XX. Con tan sólo 27 años, Dalí pinta este pequeño cuadro (24 x 33 cm.) y consigue crear una de las obras más representativas de su estilo, una imagen llena de misterio y objeto de múltiples interpretaciones que derivan siempre en el tiempo, el ineludible tiempo.

Al mirar de cerca esta obra del surrealismo, se hace evidente que el paisaje juega un papel fundamental en la temática. Se habla de un reconocimiento de las rocas del Cabo de Creus y los colores del cielo y el mar mediterráneo. Los expertos dicen con toda certeza que el paisaje es Port Lligat, España. Reconociendo el fuerte vínculo entre Dalí y su entorno: “Me he construido sobre estas gravas; aquí he creado mi personalidad, descubierto mi amor, pintado mi obra, edificado mi casa. Soy inseparable de este cielo, de este mar, de estas rocas, ligado para siempre a Port Lligat …

Este paisaje plácido es interrumpido por tres relojes blandos y uno rígido que han determinado las múltiples discusiones en torno a su significado. Uno de los relojes blandos cuelga de una rama de olivo; otro, también deformado, descansa sobre la figura amorfa que hay en el centro de la obra y el último reloj blando se apoya en el mueble situado en el ángulo izquierdo. En contraste, hay un cuarto reloj, rígido, cubierto de hormigas y colocado boca abajo.

Todos los relojes marcan una hora distinta, y el único que mantiene su rigidez está pintado boca abajo e infestado de hormigas. Con esto, Salvador Dalí insinúa así la relatividad del concepto de tiempo y una de las preocupaciones más artificiales y abstractas inventadas por el hombre: la angustia de controlar el tiempo. Dalí contrapone, con gran elegancia, la escena infinita del paisaje con objetos que nos recuerdan en cada momento la fugacidad de los instantes y de las cosas: todo es efímero y fugaz. Otra preocupación recurrente y obsesiva en Dalí es la inmortalidad, conseguir la permanencia y conquistar la eternidad sin el control ni la presencia del tiempo.

*Con información de la Fundación Dalí*

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