Uno de las búsquedas, algunas veces inalcanzable, del hombre es el encontrarse a sí mismo. El lograr crear una conexión mente-espíritu, que para muchos es el inicio de un camino que le dará el máximo significado a la vida, es una de las proezas que pocos han logrado conquistar y que muchos deberían buscar; esta es la historia de Christoph Rehage, un hombre que emprendió esa aventura en 2007, aventura en la que el tiempo y el aprendizaje fueron el medio para que este aventurero regresara como una persona diferente.

Christoph Rehage emprendió esta travesía en Beijing, su objetivo era llegar a Alemania a pie pero así como de un momento a otro decidió emprender este viaje, el país germano dejó de figurar como su punto final. De hecho esta travesía no ha tenido un punto final, después de haber recorrido más de 4,500 km a pie, Rehage arribó a Ürümqi y decidió suspender su amplio recorrido por diversos factores, el principal, un gran cambio en su mentalidad; para él la persona que en 2007 inició ese viaje había desaparecido y había nacido alguien nuevo al que el tiempo se dedicó a hacer reflexionar sobre su persona, mentalidad y ambiciones. Christoph Rehage vivió una aventura en la que no solo se conoció a si mismo, también conoció al tiempo, quién fue su amigo, compañero y maestro durante los 4,500 km, probablemente, más significativos en la vida del aventurero alemán.