Pocas son las Manufacturas que pueden preciarse de tener características únicas que los hagan destacar de entre cientos y cientos de modelos que inundan la industria de Alta Relojería. Una de ellas es Tudor y su manecillas “snowflake” o copo de nieve, vistas por primera vez en 1969 en las referencias 7016 y 7021. Ambos eran relojes de inmersión y siguieron ofreciéndose con éxito hasta mediados de los años 80.

Como una seña a la rica herencia y tradición de sus piezas, Tudor transporta al presente estas icónicas manecillas en el nuevo modelo Heritage Black Bay 36. Por donde sea que se mire, este nuevo modelo inunda las miradas de conocedores con detalles que van desde el cristal de zafiro plano -a diferencia del tipo domo en modelos de la familia Heritage– pasando por un disco con laqueado brillante y caja y bisel giratorio con acabados pulidos brillantes.

La riqueza de esta pieza Tudor continúa hasta la correa, fabricada de manera tradicional en tejido Jacquard hecho por la compañía familiar con más de 150 años localizada en St-Etienne, Francia. Este tipo de tejido es reconocido mundialmente por la variedad de diseños que arroja su técnica; un ejemplo de ello es la urban-camo (camuflaje urbano) que logra este aspecto de manera sublime sin necesidad de una impresión o estampado.